En Irán, el nuevo presidente toma el poder

El presidente electo de Irán, Ebrahim Raisi, se presenta con personajes populistas, en este conforme a las tendencias de muchas democracias occidentales, defensor de las clases más débiles del país y con un papel a tomar como protagonista en la lucha contra la corrupción, interpretó desde un punto de vista político de los ultraconservadores; naturalmente también con la firme voluntad de mantener el actual estado de orden en Irán. Su atuendo habitual, una capa larga y oscura y un turbante, también denota sus ideas, que provienen del clero chiíta más tradicional. Esta elección representa un problema diplomático para el país iraní, pues el nuevo presidente está en la lista negra de Washington debido a gravísimas acusaciones consistentes en la violación de los derechos humanos, acusaciones siempre negadas por el estado iraní; pero también desde el punto de vista interno, su victoria electoral, aunque obtenida en la primera vuelta, estuvo marcada por una gran abstención, lo que plantea dudas, no sobre la legitimidad del voto, sino sobre el análisis político del clima político interno. La desconfianza casi total de las clases más progresistas en los candidatos presentes provocó una abstención generalizada del voto de la parte de la población alternativa a los conservadores, favoreciendo decisivamente la victoria de Raisi. El nuevo presidente asumirá sus funciones, después del más moderado Hasan Rohani, que había podido llegar a un acuerdo con la comunidad internacional en 2015, con la crisis del programa nuclear que venía en marcha desde hacía doce años; este elemento genera una profunda preocupación para la comunidad diplomática, que teme un endurecimiento por parte de Teherán, a pesar del deseo de Biden de encontrar una solución, tras la retirada unilateral de Trump del acuerdo nuclear iraní. Raisi cumplirá sesenta y un años el próximo noviembre, su formación es una mezcla de estudios religiosos y derecho y comenzó, a los veinte años, a trabajar en el sistema legal iraní como Fiscal General de una ciudad cercana a la capital, inmediatamente después de la victoria de la Revolución Islámica, hasta alcanzar el cargo de Fiscal General de la Nación. Desde 2018 también ha ocupado el cargo de profesor en un seminario chiíta; Según la opinión generalizada de muchos medios de comunicación del país, es uno de los grandes favoritos para convertirse en sucesor del líder supremo. Procedente del clero y de la parte más conservadora del país, combinado con el escaso éxito electoral general y consciente de la necesidad de unir un tejido social lacerado en los temas de las libertades individuales, Raisi tuvo que comprometerse a prometer la defensa de la libertad de expresión. , de los derechos fundamentales y garantizar la transparencia de la acción política. Según los iraníes moderados y reformistas, el nuevo presidente, además de ultraconservador, sería un inexperto en la gestión política, una falta gravísima para obtener una síntesis que le permitiera implementar una acción de gobierno incisiva. Más graves aún son las acusaciones de la oposición en el exilio, que acusa a Raisi, en su función, ocupado en 1988, como fiscal adjunto del tribunal revolucionario de Teherán, de haber participado activamente en las ejecuciones masivas de detenidos de izquierda. El nuevo presidente iraní ha negado estar involucrado en esta represión, sin embargo, dijo que estaba de acuerdo con la orden de Jomeini de purgarse para mantener la seguridad de la República Islámica. La impresión es que, potencialmente, Raisi podría ser un factor capaz de alterar los ya frágiles equilibrios regionales, especialmente en las relaciones con Israel y los estados árabes sunitas, pero las necesidades de la economía del país, que se encuentra cada vez más en serias dificultades, pueden limitar su acción extremista por la necesidad de reducir las sanciones económicas: desde este punto de vista la normalización de las relaciones con EE.UU., al menos en el tema del tratado nuclear, será un objetivo, aunque no expresamente expresado; También porque la posibilidad de desvincularse de la economía estadounidense y depender exclusivamente de la rusa y china no garantiza que superemos las fuertes dificultades económicas impuestas por las sanciones de Estados Unidos y sus aliados.